WASHINGTON — Es demasiado pronto para que los demócratas tomen medidas para las cortinas. Pero como los casos de coronavirus están en aumento, el ex vicepresidente Joe Biden está al alza y los titulares del Senado republicano en riesgo se están tambaleando, vale la pena considerar las implicaciones de una victoria demócrata el 3 de noviembre.

La administración entrante y los líderes demócratas tendrían que actuar rápidamente y elegir sus lugares: El partido del presidente casi siempre pierde escaños en las elecciones intermedias. Tendrían menos de 18 meses para anotarse puntos en el tablero antes de que los legisladores entren en modalidad de autoconservación.

No tendrán un gran margen de error. Inside Elections con Nathan L. Gonzales ve que la composición de la Cámara de Representantes permanecerá casi igual, cinco escaños demócratas más o menos. De manera que la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, podría perder 10 o 20 votos y aun así aprobar proyectos de ley sin el apoyo de los republicanos. Mientras tanto, una enorme ola senatorial, que se extiende a estados como Kansas donde no ha ganado ningún senador demócrata desde 1932, probablemente tenga un tope de alrededor de 55 votos demócratas.

Los progresistas añoran la "opción nuclear", o la eliminación del umbral de obstrucción de 60 votos. Pero los institucionalistas, incluyendo al ícono izquierdista Bernie Sanders de Vermont, saben que las cosas eventualmente se invierten. Después de que el líder demócrata Harry Reid se puso intenso con la mayoría de los nominados del presidente Barack Obama, el líder de la mayoría del Senado Mitch McConnell hizo lo mismo con los seleccionados del presidente Donald Trump para la Corte Suprema.

Sanders, que está en la línea para convertirse en director del Comité del Presupuesto, más bien quiere ampliar el uso de la reconciliación presupuestaria, lo cual permite que los proyectos de ley sean aprobados con mayorías simples pero generalmente se limita a las acciones de política fiscal.

La política climática sigue dividiendo a los demócratas, aunque en menor medida que cuando los senadores del Rust Belt ayudaron a aniquilar el plan de "tope e intercambio" de Obama hace una década. El partido está más unido en torno a la atención médica, lo cual también podría encajar mejor dentro de la reconciliación.

Pero los líderes de partido necesitarán andarse con cuidado ya que serán los demócratas de los estados de color púrpura a rojo los que le arrebaten el control a los republicanos. Pregúntenle a la ex senadora de Arkansas Blanche Lincoln, quien perdió en 2010 después de votar por la ley de atención médica.

"Me golpearon desde la izquierda en mi primaria, y luego me golpearon desde la derecha en la general", dijo Lincoln. "Recaudar dinero en Arkansas no es fácil; hay que salir (del estado). Y luego te golpean por eso".

Puede que no sea el "Medicare para todos", pero Biden quiere grandes cambios como reducir la edad de elegibilidad para el Medicare en cinco años y una "opción pública" para que los mercados del Obamacare compitan con las aseguradoras privadas, junto con mayores subsidios de cobertura. Los costos totales pudieran ser del orden de los dos billones de dólares en una década, según estimaciones del Comité para un Presupuesto Federal Responsable y otros.

Una parte de las compensaciones provendrían de los ahorros en medicamentos con receta, como ha propuesto Biden. Pero el apetito entre los demócratas del Senado, donde la industria farmacéutica tiene más influencia, quizá no sea el mismo que en la Cámara de Representantes, donde los demócratas han propuesto más de 600 mil millones de dólares en ahorros a 10 años.

El año pasado, el Comité de Finanzas del Senado extrajo menos de 100 mil millones de dólares en ahorros de su proyecto de ley de precios de medicamentos. Los demócratas de los estados farmacéuticos, Bob Menéndez de Nueva Jersey y Thomas R. Carper de Delaware, apoyaron la medida, pero se pusieron del lado de los republicanos en enmiendas clave. Los demócratas tendrían más miembros en el panel el año que viene si ganan, pero quizá no puedan conseguir votos del Partido Republicano para un control de precios más estricto si algún demócrata deserta.

"Creo que el Senado fue diseñado por una razón, para permitir el enfriamiento de las pasiones de la Cámara de Representantes; el platillo de la taza de té", señaló Lincoln, quien ahora cabildea a favor de intereses empresariales, incluyendo los de la farmacéutica Pfizer y la Asociación Nacional de Cadenas de Farmacias.

Los demócratas tienen una profunda reserva de aumentos de impuestos a la cual recurrir si necesitan más dinero. El principal demócrata del panel de finanzas, Ron Wyden de Oregón, quiere generar 1.5 billones de dólares al gravar las ganancias en papel sobre los activos no vendidos en poder de las familias más ricas cada año. Pero la propuesta tiene intereses de capital de riesgo e inmobiliarios, que han vertido fondos en las campañas demócratas de este ciclo, en DEFCON 4.

El plan de Biden de elevar la tasa impositiva marginal efectiva sobre los ingresos por inversiones de los millonarios al 44.6 por ciento, respecto del 23.8 por ciento actual, aunque eliminaría las transferencias libres de impuestos a los herederos al momento de la muerte, parece de vainilla en comparación. Pero aun así enfrenta un ascenso empinado.

Los demócratas en Finanzas Menéndez, María Cantwell de Washington, Mark Warner de Virginia y Bob Casey de Pensilvania tuvieron reservas en 2010 cuando los líderes del partido trataron de gravar los "intereses devengados" de los administradores de fondos de inversión con tasas de ingresos ordinarios. Pensaron que los inversores necesitaban una tasa impositiva preferencial para compensar el costo de oportunidad y la toma de riesgos asociados con el bloqueo de efectivo durante años en negocios que podrían caer. Intentaron una variedad de compromisos para proteger el capital de riesgo y los bienes raíces, pero la factura fiscal más amplia se desvaneció de todos modos a medida que se acercaban las elecciones intermedias.

En 2016, la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton abordó esos temores proponiendo tasas preferenciales para los activos que se mantuvieran durante periodos más largos. Eso sería complejo y recaudaría menos dinero, pero protegería la inversión de riesgo en lugares como Pensilvania, un centro de biotecnología y ciencias de la vida. No obstante, el Congreso debería "considerar seriamente" el plan de Biden, señaló Casey en una declaración, y añadió: "Ya es hora de asegurarnos de que nuestro código fiscal funcione para todos, y no solo para los que están en la cima".

Otros demócratas de alto nivel, incluyendo a Pelosi, una aliada de Silicon Valley, y el presidente del comité de Medios y Procedimienos de la Cámara Baja Richard E. Neal de Massachusetts no saltaron a defender el plan de impuestos sobre la inversión de Biden. Sus colaboradores en cambio expresaron apoyo general a un código fiscal más progresivo. Otros demócratas del panel de Finanzas que contactamos no respondieron o no tuvieron una postura.

Biden tiene más armas en su arsenal de aumento de impuestos, afectando principalmente a los hogares que ganen más de 400 mil dólares anuales y a las grandes corporaciones. Pero su casi un billón de dólares en aumentos de impuestos sobre la nómina no se incluiría en la reconciliación del presupuesto, ya que eso afectaría a la Seguridad Social, dijo Bill Dauster, un veterano colaborador demócrata del Senado.

Biden aumentaría la tasa de impuestos corporativos del 21 al 28 por ciento. Combinados con los aumentos de los impuestos sobre la inversión, los impuestos federales tomados de cada dólar de ingresos corporativos para los accionistas millonarios pasarían de 39.8 centavos a 60.1 centavos. Pero como señala el ex tesorero de Obama David Kamin, cerca de tres cuartas partes de los accionistas con tenencias accionarias en Estados Unidos no pagan impuestos, ya que son extranjeros u otros inversionistas exentos de impuestos como pensiones y cuentas de jubilación.

Kyle Pomerleau del American Enterprise Institute estima que los planes de Biden aumentarían la tasa impositiva efectiva sobre la inversión empresarial en casi cinco puntos porcentuales. De esta manera, la ventaja fiscal que Estados Unidos ha disfrutado sobre Canadá, por ejemplo, desde la revisión fiscal de 2017 podría perderse. Pero indicó que es poco probable que el impacto en el ahorro y la inversión sea grande, en parte porque es gravable una porción muy pequeña y los extranjeros probablemente se llegarían a llenar cualquier vacío.

Sin embargo, si los demócratas arrasan, es probable que sea en parte porque la economía sigue atascada en una depresión. Eso podría dar a los moderados una pausa acerca de entrar de lleno en los aumentos de impuestos.

Tomemos por ejemplo a Mark Kelly, un demócrata de Arizona que está postulándose para desbancar a la senadora republicana Martha McSally. Kelly se presentaría para la reelección de nuevo en 2022 si gana, ya que la contienda de este año es una elección especial para completar el mandato del difunto John McCain.

Kelly ha recolectado contribuciones de grandes promotores inmobiliarios y capitalistas de riesgo de Nueva York. Ha recibido dinero de productores de Hollywood como James L. Brooks y Steven Spielberg, quienes podrían pagar una tasa marginal del 60 por ciento o más, incluyendo el impuesto sobre la renta de California, bajo el plan de Biden. Es suficiente para hacer que otros californianos ricos huyan cruzando la frontera hacia Arizona, que tiene impuestos más bajos; y culpar a los demócratas como Kelly por ello.

– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.

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